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Impacto de la IA en la Innovación y Seguridad Empresarial

24 diciembre, 2024

El avance vertiginoso de la inteligencia artificial generativa ha traído consigo una disrupción (como me gusta esta palabra) sin precedentes en la manera en que concebimos la creatividad y la propiedad del conocimiento. En mi blog, en entradas como La última barrera de nuestra privacidad o Cuando los LLM decidan por nosotros, ya he tratado temas sobre cómo la IA desafía nuestros principios éticos y legales más fundamentales. Pero al respecto de cómo aprenden (entrenan) los modelos ¿no os preguntáis sobre el origen del conocimiento? ¿quién puede reclamar la autoría y propiedad de lo que genera la IA? En mi entrada Democratización de la innovación ya avancé algo sobre este tema.

Los modelos de IA actuales, como los que subyacen en herramientas de uso masivo, son el resultado de entrenamientos basados en enormes cantidades de datos, muchos de ellos obtenidos sin consentimiento explícito de sus creadores originales. Este proceso, aunque tecnológicamente impresionante, levanta cuestiones éticas profundas. Por ejemplo, ¿es legítimo que una empresa genere valor económico a partir de un conocimiento que, en esencia, proviene del esfuerzo y la creatividad humana acumulada? ¿Peligran los royalties de las patentes?

El panorama jurídico es desigual y caótico (no citaremos el caso de China, que no hay por dónde cogerlo). Mientras que en países como Estados Unidos, los derechos de autor y las patentes exigen una contribución humana significativa, otras jurisdicciones, como Japón, adoptan una postura más permisiva, permitiendo entrenar sistemas de IA incluso con contenido protegido por derechos de autor . Este contraste refleja una crisis de armonización legal en un contexto global donde la IA no reconoce fronteras.

En Europa, la situación es distinta. La Unión Europea ha establecido el Reglamento de Inteligencia Artificial (AI Act), que entró en vigor en agosto de 2024. Este reglamento busca garantizar que los sistemas de IA sean seguros, éticos y respetuosos con los derechos fundamentales de las personas . Clasifica las aplicaciones de IA en función de su riesgo y establece obligaciones específicas para cada categoría. En España, la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) se encarga de supervisar la aplicación de este reglamento y está preparando la implementación de certificaciones sobre el uso de IA en el país . Estas certificaciones buscan garantizar la seguridad y el cumplimiento normativo, aunque podrían retrasar la llegada de nuevos productos al mercado.

Sin embargo, el impacto va más allá de lo ético o legal y se extiende a la seguridad corporativa. Utilizar datos no autorizados en el entrenamiento de modelos de IA puede exponer a las empresas a riesgos significativos, desde litigios por infracción de derechos hasta daños reputacionales. Las organizaciones que implementan sistemas de IA sin un control adecuado sobre las fuentes de datos pueden enfrentarse a consecuencias críticas, como ataques cibernéticos dirigidos, ya que los modelos generativos podrían filtrar, intencionadamente o no, información sensible aprendida de sus conjuntos de datos. Este riesgo subraya la necesidad de adoptar medidas de transparencia y trazabilidad en la construcción y el despliegue de estos sistemas. Tuve el honor de participar en el Grupo de Trabajo de Inteligencia Artificial para asesorar al Parlamento Andaluz y en el seno de este grupo pude destacar la necesidad de trabajar con fuentes de datos autorizadas y con modelos auditados.

En suma de lo expuesto, en entradas anteriores (https://elquijotedigital.com), he analizado cómo la privacidad y la autonomía están en juego frente a la capacidad de la IA para aprender y decidir por nosotros. Aquí la cuestión es más amplia: la IA no solo consume datos, sino que transforma ese conocimiento en nuevos productos que reconfiguran nuestra noción de creatividad.

¿Es justo proteger estas creaciones cuando la IA se nutre de décadas de conocimiento humano, muchas veces sin el debido reconocimiento?

El desafío no es solo tecnológico, sino también ético, político y de seguridad. A medida que estas tecnologías redefinen nuestras capacidades, debemos plantearnos si los marcos legales actuales son suficientes para proteger tanto a los creadores humanos como a las innovaciones que surgen de esta colaboración híbrida entre humanos y máquinas. Y, más importante aún, debemos garantizar que las decisiones empresariales alrededor de la IA no comprometan su propia estabilidad ni la confianza de sus stakeholders.

Reflexionar sobre este tema, como he argumentado en mis publicaciones, es esencial para entender hacia dónde nos dirigimos como sociedad en esta nueva era digital.

Por lo tanto, me gustaría provocar una discusión sana y fructífera en torno a este tema: ¿Cómo crees que deberíamos equilibrar innovación tecnológica, seguridad y respeto por el conocimiento humano?

He encontrado una entrada en un blog que también trata este tema. La dejo aquí para ampliar la información. Y un post de linkedIn que data de 2018.

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