Crónica de una privatización silenciosa y el racionamiento por nota de corte
Hoy, leo en EL PAIS una columna de la periodista Delia Rodríguez, que reconozco que hay que leer con capacidad crítica.
¿Por qué digo esto? Pues porque llevo más de veinte años (veinticinco) de servicio en la Universidad Pública española, y frusta ver cómo se opina sobre la educación sin «haber chutado un penalty» nunca. Pero, en este caso (me refiero al leviatán de la nota de corte), hay dos cuestiones a señalar:
- Promoción de la Formación Profesional (por parte del Estado) con fondos Next Generation.
- Conservadurismo en la potenciación de las Universidades Públicas. Es cierto que la financiación está en manos de las Comunidades Autónomas (como bien apunta Diana Morant) pero por encima está la Conferencia General de Política Universitaria (Organismo Consultivo, BOE), cuya última reunión data del 18 de septiembre de 2024. Que tambíen hay que tenerlo en cuenta (sobre todo cuando hablemos de Universidades Privadas).
El texto de Delia me ha hecho reflexionar sobre la paradoja educativa española que merece desmontarse pieza a pieza, porque lo que parece un sinsentido (jóvenes con notas brillantes que no caben en la universidad pública mientras el Estado celebra récords de matrícula en FP) responde en realidad a una arquitectura competencial y presupuestaria muy concreta.
Por qué no se incrementa la oferta pública de plazas
¿Quien decide? Las universidades públicas dependen de la financiación de las comunidades autónomas, y son los parlamentos autonómicos quienes autorizan (o no) la creación de plazas y de nuevas universidades. Morant lo formula sin rodeos en la entrevista de elDiario.es (ver video al final): las notas de corte suben porque las autonomías han decidido no crear plazas en la universidad pública. Los datos que aporta son demoledores: cuando ella nació, en 1980, había 800.000 estudiantes universitarios y ahora hay 1.800.000; hace 25 años que no se aprueba ninguna universidad pública nueva, mientras se han autorizado más de 30 privadas en la última década; la matrícula pública ha crecido solo un 2% frente al 100% de la privada.
La consecuencia aritmética es inevitable: si la demanda se duplica y la oferta pública se congela, el mecanismo de racionamiento es la nota de corte. La ministra va más allá y le pone nombre político: es una decisión de privatización, no son ofertas complementarias. Es decir, la escasez de plaza pública no sería un accidente presupuestario sino el motor de negocio de la universidad privada: cada estudiante con un 12 sobre 14 que no entra en Medicina pública es un cliente potencial de un campus privado a 15.000 euros el curso.
Síntoma cultural
En su columna, la periodista Delia Rodríguez, cuenta lo mismo desde abajo, desde TikTok. Y se refiere al meme de «FP Jardinería».

más de 15.000 vídeos con el efe pe, efe pe jardinería tarareado sobre el concierto para trompeta de Haydn funciona como válvula de escape ante la PAU
Rodríguez señala el dato duro que hay detrás de la broma: las notas de admisión han subido casi un punto y medio en una década (de 8,67 a 10,14 sobre 14) por el exceso de sobresalientes inflados en Bachillerato (sobre esto cabe otro análisis y detectar qué centros inflan las calificaciones, apunta más a los centros públicos) y, sobre todo, por la falta de plazas en las universidades. Quienes se quedan fuera deberán repetir la prueba, pagar una privada «si es que quieren y pueden» o elegir estudios que no son los soñados.
Lo interesante es que el chiste juvenil ya ha interiorizado la jerarquía y su inversión: la FP aparece como destino-castigo («suspendes todo y ves cómo la FP de Jardinería se acerca»), pero la propia periodista recuerda que la FP de Jardinería y Floristería tiene una inserción laboral del 58,5% al tercer año, y cierra con el vídeo del chico que sonríe: «el pavo del que se rieron por estudiar una FP de Fontanería, viendo cómo la IA está reemplazando a todos los universitarios». He de decir que su reflexión es del todo desacertada. Pero como dije antes, si no has jugado al futbol, deberías opinar con cautela sobre el futbol.
El meme contiene, en germen, toda la tesis económica del asunto. Y la presión es real y creciente: en Andalucía, sin ir más lejos, la PAU de 2026 ha sido la más concurrida de la historia, con 53.495 matriculados, un 5,1% más que el año anterior. Más aspirantes, mismas plazas: la tenaza se cierra.
Sumese a la ecuación que la titulación universitaria en Andalucía está subvencionada y que los estudiantes pagan. Menos que en la privada, pero pagan. Quería dejar caer esta reflexión. Que la Universidad Pública necesita, también, financiarse. Y que es adalid de calidad pues está sometida a infitas evaluaciones. Y que el profesorado se somete a oposiciones tras haber sido autorizados en una Agencia Nacional (ANECA). Se nos exige mucho pero se nos financia poco.
El impulso paralelo a la FP
Mientras la universidad pública se congela, el Gobierno central ha hecho de la FP su gran apuesta educativa de la década. El Componente 20 del Plan de Recuperación contempla un redimensionamiento de la oferta de FP con 200.000 nuevas plazas y la reforma hacia un sistema único que integre la FP educativa y la FP para el empleo, financiado con fondos europeos Next Generation. Los resultados son visibles: el curso 2024-2025 marcó récord con 1.193.260 estudiantes de FP, un 4,2% más que el año anterior, y las propias comunidades (las mismas que congelan la universidad) amplían su oferta de ciclos: Euskadi oferta 74.963 plazas de FP para 2026-2027, récord histórico con casi 8.000 plazas más, presentándola como pilar estratégico de su transformación económica. Y si, también se crean centros de FP privados. Que de eso no se habla. Y si, también se quedan muchos estudiantes fuera de la FP pública. Y han de recurrir a la privada. Parece mentira que haya gente que quiera estudiar y se pongan estas trabas.
Por qué esta situación tan contrariada
La aparente contradicción se explica por la confluencia de varios factores que, vistos juntos, dibujan algo bastante coherente (aunque no necesariamente confesable):
Primer factor: La FP se ha expandido con fondos europeos finalistas y con titularidad estatal del impulso normativo (Ley Orgánica 3/2022). A Rodríguez se le ha pasado citar que crear una plaza de FP es además mucho más barato y rápido que crear una de Medicina: no exige hospitales universitarios, ni acreditaciones ANECA de profesorado, ni la inercia de décadas que arrastra una facultad. Las plazas universitarias, en cambio, salen del presupuesto ordinario autonómico, que compite con sanidad y dependencia. Es injusto pero razonable pensar que para una consejería de Hacienda, congelar la universidad es la línea de menor resistencia.
Segundo factor: España tiene un problema estructural de sobrecualificación: décadas de titulados universitarios ocupando empleos por debajo de su formación, mientras faltan técnicos intermedios (el famoso déficit de perfiles de grado medio respecto a la media de la OCDE). Desde la óptica de la planificación económica (y, si, de Bruselas que condiciona los fondos) reequilibrar hacia la FP es racional.
Tercer factor: La privaticación. Aquí está el nudo político. El mismo Gobierno central que presume de impulsar la FP pública no tiene competencia directa para crear plazas universitarias, y las comunidades (mayoritariamente del PP en esta década) han encontrado en la escasez pública un ecosistema favorable a la universidad privada. La ministra señala que hay 13 universidades con informe desfavorable del Ministerio y seis ya se han creado antes del endurecimiento normativo contra las «universidades-chiringuito». El resultado es que España tendrá pronto más universidades privadas que públicas: una transferencia silenciosa de la educación superior hacia el mercado.
Y cuarto factor: El Gobierno central puede exhibir la FP como éxito propio y atribuir las notas de corte a las autonomías; las autonomías pueden culpar a la infrafinanciación autonómica y al Estado. Mientras tanto, el coste lo paga una generación. La síntesis amarga es que el sistema está racionando por nota lo que no quiere financiar con plazas, y vistiendo de «prestigio de la FP» lo que en parte es simplemente la redirección del excedente de demanda hacia la vía más barata (FP pública, dejo para otro momento el negocio de la FP Privada) o hacia la más rentable (universidad privada). Que la FP merezca dignificación es cierto; que se esté dignificando en lugar de ampliar la universidad pública, y no además de, es la trampa.
Disclaimer:
Si lees esto, tómalo con distancia. Ha sido una reflexión, a la que creo que tengo derecho como profesor, a cómo tratan a un pilar (básico) de nuestro Estado de Derecho.