Mythos, o cómo Europa volvió a perder un combate que ni siquiera se atrevió a librar
Sobre la alarma por el nuevo modelo de Anthropic, la cobardía regulatoria de Bruselas y la ilusión de soberanía
Hay algo profundamente quijotesco en la respuesta europea al desafío de la inteligencia artificial estadounidense. Pero atención: no en el sentido noble del término, ese que arremete contra los gigantes aunque sean molinos. Aquí ocurre lo contrario. Los gigantes son reales, se llaman Anthropic, OpenAI, Microsoft, Google, y nuestra Unión, lejos de cabalgar contra ellos, prefiere quitarse el yelmo, soltar la lanza y firmar un armisticio que nadie le ha pedido.
El artículo que firma Silvia Ayuso desde Bruselas en El País (ver al final del post) describe, con la sobriedad propia del oficio, una escena que merecería titulares mucho más estridentes. Anthropic, la compañía estadounidense fundada por Dario Amodei, ha presentado Mythos, un modelo capaz de detectar con precisión las vulnerabilidades de los sistemas de defensa y de las infraestructuras críticas. La empresa ha decidido, eso sí, abrir el modelo a sus socios de confianza: Apple, Amazon, Google, Microsoft, Nvidia, JP Morgan. Todos estadounidenses. A Deutsche Telekom, BBVA, Telefónica o la británica Sophos, nada. A la europea Sophos, nada.
Y para que no quepa duda, Anthropic lo ha verbalizado con una sinceridad casi insolente: su ética se aplica únicamente a Estados Unidos. Lo que es lo mismo que admitir que la ética, en su catálogo corporativo, figura como una característica regional. Algo así como el voltaje de los enchufes.
El primer escándalo no es Mythos. Es la naturalidad con la que se acepta esto.
Imagine el lector la reacción inversa. Imagine que SAP, Mistral o Telefónica anunciaran un modelo de IA capaz de auditar infraestructuras críticas, y dijeran a continuación: «lo desplegaremos en Europa, pero nuestros principios éticos no se aplican fuera de la UE; los clientes estadounidenses asumirán los riesgos». La indignación atravesaría el Atlántico antes de que el comunicado llegara siquiera a publicarse. Habría llamadas, sanciones, editoriales hablando de soberanía digital. Cuando ocurre en sentido inverso, Bruselas redacta una carta.
Lo que dice el BCE, lo que calla la Comisión
El Banco Central Europeo, por boca de Frank Elderson, ha pedido a la banca que se prepare para «graves perturbaciones» provocadas por sistemas como Mythos. La traducción es simple: los reguladores monetarios europeos consideran que el modelo es lo bastante peligroso como para tener que diseñar planes de contingencia. La banca europea, lógicamente, pide acceso al modelo para defenderse de él. Y Anthropic responde con una negativa. La banca europea queda, así, en una posición absurda: obligada a prepararse contra una amenaza a la que no se le permite asomarse.
Mientras tanto, la respuesta política ha sido, literalmente, aplazar la entrada en vigor de las obligaciones de la Ley de IA para los sistemas de alto riesgo desde agosto de 2026 hasta diciembre de 2027. Año y medio de regalo. Y no porque Bruselas haya descubierto un defecto técnico en su propia norma, sino porque la Administración Trump escribió una carta pidiendo precisamente eso. Como recuerda Cori Crider, del Future of Technology Institute: el apaciguamiento no es estrategia. Tampoco ha funcionado como táctica: el acuerdo arancelario de Trump con la UE sigue su curso impasible.
El «interruptor de emergencia»
Aquí está el dato que debería haber abierto los telediarios. Los sistemas de defensa y seguridad europeos, sí, los de defensa, dependen en buena parte de la nube de EE.UU. Esto significa, en términos prácticos, que Washington dispone de algo parecido a un interruptor de emergencia sobre las capacidades más sensibles del continente. No es una metáfora ni una hipótesis paranoica: es la conclusión literal de un informe reciente del Future of Technology Institute. Una administración que, conviene recordar, ha hecho pública su voluntad de promover un cambio de régimen en Europa.
Que la UE haya construido su seguridad sobre infraestructura que no controla es un fracaso estratégico de proporciones históricas. Que la respuesta a ese fracaso sea retrasar la propia regulación y enviar cartas de cortesía a la Casa Blanca es, sencillamente, sonrojante.
Anthropic no es el villano del cuento; es el síntoma
Permítanme matizar antes de cerrar. Sería un error reducir esto a una historia de buenos y malos, con Anthropic en el papel de villano californiano. La empresa, simplemente, opera según los incentivos que su entorno le ofrece y según las exigencias geopolíticas de su país. Si nuestras empresas no acceden al modelo, no es porque Anthropic odie Europa; es porque Europa no tiene poder de negociación. Y no lo tiene porque nunca ha construido las capacidades tecnológicas, industriales y financieras que se lo darían.
La responsabilidad, por tanto, es nuestra. De los gobiernos que durante quince años han preferido regular lo que otros producen antes que producir algo regulable. De una Comisión que confunde la actividad legislativa con la influencia. De unos Estados miembros que pactan en privado lo que en público condenan.
Lo que toca hacer (y nadie quiere hacer)
Reforzar de verdad la soberanía tecnológica europea no se consigue con cumbres ni con white papers. Exige decisiones impopulares y caras: inversión pública sostenida en capacidades de cómputo, infraestructura cloud europea no opcional sino obligatoria para sectores críticos, condiciones de reciprocidad para el acceso al mercado interior, y una política industrial que durante una década, al menos, esté dispuesta a defender campeones propios aunque sean menos eficientes que los americanos al principio.
Nada de eso está hoy sobre la mesa. Lo que hay son aplazamientos, comunicados y, en el mejor de los casos, indignación parlamentaria de los pocos eurodiputados, como Kim Van Sparrenta y García del Blanco que se toman la molestia de leer la letra pequeña.
Cervantes hizo a su hidalgo arremeter contra molinos por confundirlos con gigantes. Bruselas hace lo contrario: confunde a los gigantes con molinos, y prefiere no arremeter, no vaya a ser que el viento le devuelva las aspas a la cara.
Mientras tanto, Mythos sigue su recorrido por las capitales europeas. Y nosotros, fieles a la tradición, seguimos firmando cheques.

