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Cómo solicitan los agresores material sexual a menores durante el grooming online: claves lingüísticas de un estudio reciente

8 octubre, 2026

Nota previa. Este texto es un resumen personal y necesariamente subjetivo del artículo de Nuria Lorenzo-Dus, Andrea García-Montes y Carmen Pérez-Sabater, Requesting Child Sexual Exploitation and Abuse Material (CSEAM) in Online Grooming: A Corpus-Pragmatic Analysis, publicado en 2026 en Corpus Pragmatics. Mi intención no es sustituir la lectura del trabajo original, sino destacar aquellos aspectos que considero especialmente relevantes desde la perspectiva de la ciberseguridad, la detección del grooming y la protección de menores.

No estamos ante conversaciones simuladas

Uno de los primeros elementos que hacen especialmente interesante este trabajo es la naturaleza de los datos utilizados.

Muchas investigaciones sobre grooming online han recurrido históricamente a conjuntos de datos como Perverted Justice, donde adultos interactuaban con personas que se hacían pasar por menores. Son datos muy útiles, pero existe una diferencia evidente entre conversar con un menor real y hacerlo con un adulto que interpreta deliberadamente ese papel.

El trabajo de Lorenzo-Dus, García-Montes y Pérez-Sabater estudia algo diferente: 70 conversaciones reales entre groomers y menores, procedentes de investigaciones de las fuerzas y cuerpos de seguridad españolas.

El corpus contiene 103.396 palabras y se divide en:

  • 41.871 palabras producidas por los menores.
  • 61.525 palabras producidas por los groomers.

Las conversaciones abarcan aproximadamente una década. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

Esto convierte al conjunto de datos en algo particularmente valioso: estamos observando lenguaje empleado en situaciones reales de victimización, no conversaciones creadas artificialmente para una investigación.

El grooming también puede estudiarse como lenguaje

A menudo pensamos en el grooming desde una perspectiva fundamentalmente criminológica o psicológica. El trabajo propone observarlo además como un proceso comunicativo de manipulación.

Y creo que esta perspectiva resulta especialmente interesante.

Un groomer necesita conseguir algo de la víctima: confianza, continuidad de la conversación, información, imágenes, vídeos o determinadas conductas.

Para ello utiliza lenguaje.

Por tanto, la forma en que formula una pregunta, utiliza un imperativo, introduce una petición, emplea una expresión cariñosa o construye una obligación emocional puede convertirse en un indicador del proceso de manipulación.

El artículo estudia precisamente cómo se solicita Child Sexual Exploitation and Abuse Material (CSEAM) y analiza tanto el lenguaje del groomer como la reacción del menor.

Metodológicamente, las autoras construyen dos subcorpus:

Child Corpus (ChC), formado por las intervenciones de los menores, y Groomer Corpus (GrC), formado por las intervenciones de los adultos. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

Sobre ellos realizan análisis de frecuencia, dispersión y colocaciones, complementados posteriormente con una anotación pragmática manual.

El lenguaje de ambos interlocutores se parece… pero sus objetivos no

Uno de los resultados interesantes es que menores y groomers utilizan muchas palabras y temas comunes.

Tiene sentido: están participando en la misma conversación.

De hecho, 16 de las 20 palabras de contenido más frecuentes coinciden en ambos corpus. Entre ellas aparecen términos cotidianos como no, sí, ya, quiero o bien. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

Sin embargo, cuando se observa cómo se combinan las palabras y de qué se habla, aparecen las diferencias.

En los groomers, aproximadamente un 41,2 % del contenido temático analizado está relacionado con sexo, mientras que entre los menores esa proporción es únicamente del 16,1 %.

En los menores predominan, por el contrario, las conversaciones relacionadas con relaciones personales o románticas y otro tipo de peticiones o deseos no sexuales.

En otras palabras: están participando aparentemente en una misma conversación, pero no necesariamente en la misma conversación psicológica.

El adulto está orientando progresivamente la interacción hacia su objetivo sexual, mientras que el menor puede interpretar parte de ella dentro de un contexto de amistad, afecto, relación sentimental o simple interacción social.

Ese desajuste es, a mi juicio, una de las claves para entender la eficacia del grooming.

La solicitud de material puede producirse sorprendentemente pronto

Otro resultado especialmente relevante es la rapidez con la que puede aparecer una petición de contenido sexual.

Las investigadoras analizaron específicamente la primera solicitud de CSEAM de cada una de las 70 conversaciones. Para ello extrajeron el acto de petición, el contexto anterior y posterior y la reacción del menor. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

La solicitud no necesariamente aparece después de semanas de generación de confianza.

En una proporción considerable de conversaciones surge durante los primeros intercambios.

El artículo sitúa un 21 % de las primeras solicitudes entre los turnos 1 y 5, otro 21 % entre los turnos 6 y 10 y un 16 % entre los turnos 11 y 15. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

Es decir, en bastantes casos el componente sexual aparece extraordinariamente pronto.

Esto cuestiona parcialmente la imagen popular del groomer que necesariamente pasa semanas o meses desarrollando una relación antes de revelar sus intenciones.

Puede hacerlo.

Pero no siempre ocurre así.

Cuando se produce intercambio de material, con frecuencia sucede el primer día

El estudio contiene otro dato particularmente significativo.

En las conversaciones en las que llegó a transmitirse material CSEAM, aproximadamente el 69 % de los primeros envíos se produjo durante el primer día de interacción. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

Este resultado tiene implicaciones importantes para la prevención.

Las estrategias educativas que plantean el grooming exclusivamente como un proceso lento pueden transmitir una falsa sensación de seguridad. Una conversación nueva puede evolucionar hacia una situación de riesgo en un periodo extremadamente corto.

La petición directa es más frecuente de lo que podríamos esperar

Desde el punto de vista lingüístico quizá el resultado que más me llamó la atención es este.

Podríamos pensar que, dado el carácter ilegal y socialmente inaceptable de la petición, el agresor recurrirá fundamentalmente a insinuaciones y lenguaje ambiguo.

Sin embargo, ocurre con frecuencia lo contrario.

Las autoras clasifican las solicitudes atendiendo a su nivel de directividad y encuentran que aproximadamente el:

58 % son directas,
26 % indirectas,
y 16 % convencionalmente indirectas.

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Los imperativos constituyen una estrategia particularmente habitual.

Este resultado resulta relevante desde una perspectiva de detección automática: no debemos buscar exclusivamente sofisticadas insinuaciones sexuales. También pueden existir estructuras lingüísticas relativamente explícitas asociadas a verbos de acción, peticiones de imágenes o instrucciones.

Directo no significa necesariamente agresivo

Aquí aparece una de las partes más interesantes del artículo.

Aunque muchas solicitudes son directas, frecuentemente están rodeadas de elementos destinados a suavizarlas.

Es lo que las autoras estudian mediante el concepto de facework, analizando estrategias de cortesía e impoliteness.

En los actos principales de petición encontraron aproximadamente:

  • 80 % de estrategias de cortesía.
  • 20 % de estrategias de descortesía o coerción.

Y en los elementos lingüísticos que rodean a la petición:

  • 89 % de cortesía.
  • 11 % de impoliteness.

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La aparente contradicción es muy interesante.

La petición puede ser directa, pero al mismo tiempo envolverse en expresiones afectivas, bromas, justificaciones, preguntas, diminutivos o expresiones de pertenencia.

No necesariamente encontramos a alguien que amenaza desde el comienzo.

Podemos encontrar a alguien que pide algo claramente indebido mientras intenta mantener la interacción dentro de la apariencia de una relación afectiva normal.

Amor, amistad, reciprocidad y deuda

Las investigadoras identifican varias funciones pragmáticas atribuidas por los groomers a la solicitud inicial de material.

La principal es especialmente significativa:

  • 58 %: desarrollo o mantenimiento de la relación.
  • 27 %: simulación sexual.
  • 12 %: intercambio o trading.
  • 4 %: otras funciones.

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Es decir, la solicitud sexual se presenta con frecuencia no como una petición sexual aislada sino como una consecuencia aparentemente natural de la relación.

La lógica implícita puede convertirse en algo parecido a:

si realmente confías en mí, hazlo;

si somos pareja, esto es normal;

yo te he dado algo y tú deberías darme algo a cambio.

Precisamente uno de los mecanismos más preocupantes detectados en el artículo es la creación de una sensación de deuda u obligación.

Cuando aparece lenguaje descortés o coercitivo, una estrategia frecuente consiste en recordar al menor que supuestamente «debe» algo al groomer.

Esto transforma artificialmente la explotación en un intercambio.

La manipulación puede parecer una relación normal

Quizá ésta sea la conclusión más importante que extraigo personalmente del artículo.

El grooming no funciona necesariamente porque el agresor consiga ocultar completamente sus intenciones.

Puede funcionar porque consigue reinterpretarlas.

Una petición objetivamente abusiva puede ser presentada como:

  • una muestra de cariño;
  • una demostración de confianza;
  • un juego;
  • una prueba de compromiso;
  • una conducta propia de una pareja;
  • un intercambio recíproco;
  • o la devolución de un supuesto favor.

Éste es precisamente el mecanismo que hace que el análisis lingüístico resulte tan interesante.

Un sistema de detección que busque exclusivamente vocabulario sexual explícito probablemente llegará demasiado tarde o generará demasiados falsos positivos.

Lo relevante puede ser la combinación de señales.

¿Qué podría aprender de esto un sistema de detección automática?

Aquí me separo deliberadamente del artículo y entro en una interpretación personal desde la perspectiva de ciberseguridad e inteligencia artificial.

El estudio sugiere que un detector de grooming debería analizar algo bastante más complejo que una lista de palabras prohibidas.

Un modelo podría intentar identificar conjuntamente:

petición + sexualización + relación afectiva + reciprocidad + deuda + directividad + evolución temporal de la conversación.

Por ejemplo, palabras aparentemente inocentes como foto, quiero, mándame, amor, confía, para mí o te toca carecen individualmente de suficiente significado.

Pero determinadas combinaciones, repetidas dentro de ciertas secuencias conversacionales, podrían adquirir mucho mayor poder predictivo.

Las propias autoras apuntan precisamente que elementos como el relational framing, las señales de reciprocidad, los marcadores de deuda y las solicitudes directas tempranas podrían ser útiles para desarrollar modelos de evaluación de riesgo. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

Desde el punto de vista de IA, esto invita a pasar de:

“¿contiene este mensaje lenguaje sexual?”

a algo mucho más interesante:

“¿qué transformación está experimentando esta conversación y qué papel intenta asignar un interlocutor al otro?”

Un corpus excepcional, pero pequeño

El propio artículo reconoce una limitación importante.

Setenta conversaciones constituyen un corpus extraordinariamente valioso por su autenticidad, pero sigue siendo un conjunto relativamente pequeño.

Las autoras advierten de que esto limita la generalización, especialmente si queremos estudiar subgrupos según edad, género u otras variables. También señalan que el corpus pertenece a un contexto lingüístico y cultural concreto: España y lengua española. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

Por tanto, sería peligroso convertir determinados patrones encontrados aquí en reglas universales.

Pero precisamente por tratarse de conversaciones auténticas, el trabajo proporciona algo mucho más valioso que una simple colección de porcentajes: indicios de qué características merece la pena buscar cuando construyamos corpus mayores o sistemas automáticos de detección.

¿De dónde proceden esas conversaciones?

Para entender mejor el origen de los datos merece la pena acudir a dos informes publicados por el Ministerio del Interior.

El primero es:

Virginia Soldino Garmendia, Nerea G. Jusue Moñino y Enrique J. Carbonell Vayá — Investigaciones policiales por delitos de online child sexual grooming en España.

Es un documento particularmente interesante porque describe el conjunto policial del que procede esta línea de investigación. El propio artículo de Lorenzo-Dus y colaboradoras remite a Soldino et al. para consultar los metadatos de víctimas y agresores. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

El informe es una publicación oficial del Ministerio del Interior, con NIPO 126-24-101-5. Ministerio del Interior

Descargar el informe «Investigaciones policiales por delitos de online child sexual grooming en España» (PDF, Ministerio del Interior)

El segundo complementa especialmente bien al paper:

Carmen Pérez-Sabater, Nuria Lorenzo-Dus, Andrea García-Montes y Sergio Maruenda-Bataller — Stoponsexgroom: Perfil lingüístico del ciberacoso sexual a menores en España.

También está publicado oficialmente por el Ministerio del Interior y lleva el NIPO 126-24-131-0. El documento explica que deriva de los proyectos dedicados a analizar patrones lingüísticos del grooming y desarrollar herramientas forenses de prevención, detección y priorización. Ministerio del Interior

Descargar «Stoponsexgroom: Perfil lingüístico del ciberacoso sexual a menores en España» (PDF, Ministerio del Interior)

Los dos aparecen además en el catálogo oficial de publicaciones de seguridad ciudadana del Ministerio del Interior. Ministerio del Interior

Para terminar

Lo que más destacaría de este estudio no es que los groomers utilicen lenguaje sexual. Eso era previsible.

Lo verdaderamente interesante es cómo consiguen insertar una conducta abusiva dentro de una aparente relación interpersonal normal.

La petición puede ser explícita y directa y, simultáneamente, aparecer rodeada de cariño, bromas, reciprocidad o falsas obligaciones afectivas.

Por eso detectar grooming probablemente requiera comprender no sólo qué se está diciendo, sino también qué relación está intentando construir el interlocutor, cómo evoluciona esa relación y qué pretende conseguir mediante ella.

Y ése es precisamente el terreno donde lingüística forense, análisis pragmático, ciberseguridad e inteligencia artificial pueden encontrarse.

Referencia del artículo analizado

Nuria Lorenzo-Dus, Andrea García-Montes & Carmen Pérez-Sabater (2026). Requesting Child Sexual Exploitation and Abuse Material (CSEAM) in Online Grooming: A Corpus-Pragmatic Analysis. Corpus Pragmatics, 10, article 39. DOI: 10.1007/s41701-026-00241-9. Requesting_Child_Sexual_Exploit…

Lecturas complementarias

Además de los dos informes del Ministerio, el proyecto PRECISION mantiene una relación de publicaciones de esta línea de investigación, incluyendo trabajos anteriores de las mismas investigadoras sobre grooming, discurso y emojis.

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